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Lo prometido es deuda




begok

Lo prometido es deuda


Tags: qaf fics odio a brian kinney

Published : 2 years, 4 months ago (Wed, 14 Mar 2007 08:20:33 PDT)
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Lo prometido es deuda, así que aquí me tenéis, dispuesta a cumplir mi palabra y dejaros el último capítulo de Odio a Brian Kinney. Aunque todavía me estoy pensando si hago epílogo o no.

 

Ya me diréis que os parece a vosotros.

 

Advertencia: Hasta este momento todo lo que os había contado podía o no haber pasado porque no dejan de ser cosas que pudieron ocurrir entre escenas de la serie, pero esta última parte es fruto de mi calenturienta imaginación y de un profundo asco por cierto gatinista con poco aprecio por el champú.

 

Este cuarto capítulo es lo que me hubiese gustado que pasara no, repito, NO lo que ocurrió en QaF, así que si alguien cree que puede desagradarle este cambio de la historia, será mejor que no siga leyendo.

 

Para tod@s l@s demás, que no sé por qué me da que seréis tod@s, ahí os la dejo, para que disfrutéis de lo que no ocurrió pero nos hubiese gustado ver.

  

 

Odio a Brian Kinney IV

 

 

Se despertó cuando comenzaba a amanecer. Esa mañana sí sintió los brazos de Justin abrazando su cintura y su aliento sobre el pecho. Sonrió antes de abrir los ojos sabiendo lo que se encontraría. Sus cabellos revueltos rozando su piel, una medio sonrisa en su rostro y el cuerpo del rubito totalmente pegado al suyo.

 

Abrió los ojos y lo que vio no era exactamente lo que esperaba. Sunshine tenía el pelo revuelto y tapándole la cara, su cuerpo más que apoyarse en el suyo lo envolvía con brazos y piernas en un acto de posesión y sus labios estaban apretados en un rictus de enfado, tal vez decepción...

 

La idea de haberle decepcionado le dolió casi tanto como la certeza de que había otro en su vida. Sabía que no tenía nada que ver con el sexo. Era algo más. Algo que no podría solucionar con un par de caricias más antes de follárselo. Era ese tipo de cosas que requerían una conversación, hablar de sentimientos... Ese tipo de cosas que a Brian Kinney se le daban mal.

 

Apartó su pelo de la cara para ver mejor su rostro y Justin abrió los ojos enseguida. Brian no podía apartar la mirada de esos ojos que le traspasaban, que le incitaban, que le angustiaban, que le torturaban, que le hacían sonreír... que le hacían feliz. Acarició su mejilla, dejando que sus nudillos rozaran su piel antes de abrir la mano y colocarla en su cuello, con el pulgar rozando la oreja.

 

El cuerpo de Sunshine instintivamente se pegó más a él y sus labios se separaron solo unos milímetros, los justos para que el moreno entreviera su lengua apoyada en los dientes, esperando la invasión que sabía que iba a sufrir y que deseaba sentir.

 

Justin se incorporó poniendo su cabeza a la altura de la de su amante y rozó su nariz con la del moreno haciendo que Brian moviese la mano hasta la nuca para empujar sus labios contra su boca. El publicista no dudó, no tuvo compasión, introdujo la lengua tan rápido hasta el fondo de la garganta que lo único que pudo hacer el rubito fue gemir y apretar sus brazos con más fuerza alrededor de su cintura.

 

Brian no quería besar, quería devorar, engullir, arrasar, enloquecer...

 

No sé cómo aprenderé a vivir sin esos labios, sin esa lengua, sin esos ojos, sin esa sonrisa.

 

El moreno empujó a Justin hasta poner su espalda sobre el colchón y colocarse encima, para tener el control, para poder meter y sacar la lengua con más facilidad. El rubio se dejaba hacer, arqueando la espalda cuando su amante acariciaba su costado y le hacía cosquillas, gimiendo cuando los dientes de Brian apresaban sus labios, jadeando cuando sus lenguas caracoleaban y echaban un pulso unas veces en su boca y otras en la del moreno.

 

¿Cómo puedes besarme así y luego irte con otro?

 

Las dudas, las preguntas se agolpaban en la cabeza de Brian, pero no podía apartarse del cuerpo que tenía entre los brazos, no sin dejar parte de su alma en el intento, y no podía permitirse perder el alma además del corazón cuando Justin se fuera. Porque el moreno estaba seguro de que Sunshine se iría en busca de flores, cenas y palabra de amor.

 

Se apartó unos centímetros de su cara, para poder ver sus ojos. El joven le miraba como si fuese lo único que valía la pena ser observado en el mundo, con pasión, devoción, entrega... Brian sabía que buscaba su amante en otros brazos y también sabía que no lo buscaría si él se lo ofreciese. Sólo un te necesito. Sólo un te quiero. Sólo un no te vayas. Y Justin se quedaría con él.

 

Pero Brian Kinney no dice esas cosas, aunque no decirlas le parta el corazón, el alma y todo lo tiene por dentro, aunque no gritarlas le cueste morderse la lengua más de una vez, aunque no susurrarlas en su oído le provoquen un nudo en la garganta, el estómago y el corazón.

 

Y por enésima vez esa semana odió a Brian Kinney. Odió lo que significa. Odió lo que le obligaba a hacer. Odió lo que le prohibía decir. Odió lo que era, o más bien en lo que se había convertido, porque si todavía podía odiarse por ser Brian Kinney, tal vez todavía haya esperanza para mí.

 

Esa mañana, mientras la luz rojiza del amanecer inundaba el loft, Brian y Justin hicieron el amor. Lentamente, con pasión pero con mucha ternura, se besaron, se acariciaron, se lamieron, se mimaron y se quisieron como pocas veces lo habían hecho.

 

No puedo seguir mintiendo. Me siento como un cabrón. No. Soy un cabrón. Le estoy engañando. Le beso después de besar a... al otro. Le acaricio después de acariciar otro cuerpo. Y cuando me mira como si intentase ver que escondo, me siento una mierda y sé que no se lo merece. Brian podrá ser muchas cosas, pero no es un mentiroso, nunca me ha engañado. Aunque no hacerlo me hiciese daño. Pero ahora entiendo que hacerlo era hacerme menos daño que no decírmelo y que yo lo supiese. Y me odio por no ser sincero con él. Y si no le quisiera más que a nada en este mundo, le odiaría por ser tan testarudo y orgulloso, por ser incapaz de decirme dos putas palabras, por ser como es. Si no le quisiera tanto como le quiero, odiaría a Brian Kinney.

 

Brian está de espaldas a Justin, intentando averiguar qué coño va a hacer, cuando el rubio le toca la espalda y le besa en la nuca.

 

- ¿En qué piensas?

- En nada.

- Vamos, Bri. ¿En qué piensas?

 

El moreno se da la vuelta y le mira a los ojos.

 

- ¿De verdad quieres saberlo?

- Claro.

- En que será mejor que lo que tengas que hacer, lo hagas cuanto antes.

 

Justin abrió los ojos tanto como pudo, se le desencajó la mandíbula en una mueca de sorpresa y palideció.

 

Lo sabe. Brian lo sabe.

 

Sin decir una palabra más, Sunshine se levantó y se metió en la ducha. Brian se quedó tumbado en la cama, encendió un cigarrillo y suspiró. Sea lo que sea, ocurrirá pronto.

 

Cuando el rubio regresó a la habitación tenía la decisión dibujada en el rostro. Demasiado pronto. Se vistió sin mirar a Brian en ningún momento y cogió sus cosas para ir a la escuela.

 

- ¿Comemos juntos? —preguntó a punto de bajar las escaleras—.

- Está bien —demasiado pronto—.

- Yo prepararé la comida. Avisa si vas a llegar tarde —bajó los escalones— o si no vas a venir —las últimas palabras sonaron tan amargas como Justin no hubiese querido que sonaran—.

 

La mañana en el despacho fue una auténtica tortura china. Reuniones, clientes pesados, llamadas de teléfono interminables... y Justin en todas partes. Daba igual de que estuviese hablando, Sunshine se colaba en sus pensamientos de puntillas. Miró el reloj más de un millar de veces y otras tantas el móvil por si el rubito se echaba atrás y anulaba la comida.

 

Cuando llegó la hora, Brian no sabía si correr o alargar el momento de llegar al loft. Porque sabía que Justin había tomado una decisión e intuía que no le iba a gustar nada lo que le iba a decir. Pero tampoco podía seguir viviendo con la angustia de pensar si sería hoy o mañana o tal vez pasado mañana el día que el rubito hiciera las maletas y se fuera.

 

Cogió el maletín y se fue a casa. Respiró hondo antes de abrir la puerta. Allí estaba él, entre platos, cacerolas y utensilios de cocina. Se giró a mirarle pero no había una sonrisa en su boca. Brian sintió como la angustia le subía desde la boca del estómago y se quedaba en su garganta, ahogando cualquier pensamiento coherente. Se giró para que él no le viera y dejó el maletín sobre su escritorio. Se quitó la chaqueta y la puso sobre el respaldo de la silla y volvió a mirarle, forzándose a sonreír.

 

- ¿Qué comemos?

- Jambalaya —contestó sin levantar la cabeza de la ensaladera—.

 

Brian sintió un puñetazo en el estómago y tuvo que agarrarse a la mesa para no caer. Joder, menuda despedida. La misma comida que la primera cena.

 

Se sentó a la mesa, dándole la espalda al joven, para intentar recomponerse antes de enfrentarse a sus ojos. Un par de minutos después, Justin puso un plato delante de él y se sentó enfrente.

 

- Creí que estaba mejor al segundo día.

- Lo está. Quedará para mañana, si quieres.

 

No "si queremos". No. "Si quieres". Brian se estaba ahogando en su propia angustia y decidió que era mejor saberlo que seguir aguantando esa situación.

 

- ¿Qué tenías que decirme? —Justin se sobresaltó—.

- Comamos primero. Ya hablaremos después.

- No. Te lo dije esta mañana. Lo que tengas que hacer, hazlo pronto.

- Brian... —tragó saliva—. He conocido a alguien —el pinchazo en el pecho fue tan intenso que creyó no poder resistirlo—. Le he estado viendo durante... algún tiempo —¿cuánto?, pero no se atrevió a preguntar, no quería oír la respuesta—. Lo siento. Sé que debería habértelo dicho, pero...

- ¿Tiene una buena polla? —Brian Kinney al ataque, joder, cuanto me odio—.

- Eso no tiene nada que ver —Justin pareció indignarse—. Hay otras cosas, ¿sabes?

- ¿Flores? ¿Cenas románticas? ¿Regalos de cumpleaños? ¿Tartas?... ¿Violines? —se odió más que nunca al ver el dolor en la cara de Sunshine—.

- Él... —titubeó, sabe quién es— me quiere.

 

Brian se levantó y se dirigió al frigorífico, necesitaba agua para deshacer el nudo que tenía en la garganta.

 

Y yo también, capullo. Brian se mordió el labio para no decirlo en voz alta.

 

- ¿Todavía —se volvió hacia él tras beber un poco— se usa eso?

- Si es la verdad... —¿y tú me das lecciones de sinceridad?

- A veces no necesitas decirlo, aunque sea verdad —tanteó la reacción de Sunshine—.

- A veces hay que decirlo, sobre todo si es verdad —el rubito no se amilanaba ante los ataques de su amante—.

- ¿Prefieres que te digan palabras bonitas aunque sean mentira a que no te las digan pero te lo demuestren? —no pretendía que sonase como una declaración, pero a sus oídos sonó como tal—.

- Por muy verdad que sea, por mucho que te lo demuestren... a veces necesitas oírlo —comenzó a acercase al moreno—. Aunque sólo sea una vez, Brian —le tocaba el brazo—. No creo que cueste tanto —le cogió por la cintura y le miró esperando una respuesta—.

- Entonces estás buscando en el sitio equivocado —se odió en cuanto las palabras comenzaron a salir de sus labios y se aborreció con todas sus fuerzas al sentir como las manos de Justin abandonaban su cintura y su propietario daba un paso atrás—.

- ¿Eso significa que no te importaría que me fuera? —sus ojos azules le taladraban—.

- Es tu decisión.

- No te he preguntado eso. Brian, ¿quieres que me vaya?

- Ya he contestado. Eres tú quien debe decidir lo que quiere.

- Sé perfectamente lo que quiero. Te quiero a ti. Quiero estar contigo. Pero... necesito que me lo digas —no podía seguir aguantando su mirada, no después de oírle decir que le quería, así que se encaminó a su mesa de trabajo—.

- Ya sabes que yo no soy así. Yo no creo...

- En el amor, sólo crees en follar. Entonces, ¿qué se supone que me estabas demostrando? —jodido listillo—.

 

Brian se giró a mirarle y vio su mirada desafiante.

 

- Ya sabes lo que hay. Cógelo o déjalo.

- Todavía no me has contestado. Mójate por una vez.

- No pienso hacerlo.

- ¿Es tu última palabra?

- Es mi última demostración —estaba seguro de que el chasquido que había oído era el comienzo del resquebrajamiento de su corazón—.

 

Justin se dio media vuelta, subió las escaleras y desapareció tras los paneles de cristal. Brian sólo podía ver su figura moviéndose al abrir el armario, sacar algo de ropa y meterla en una bolsa.

 

Dios, ¿por qué duele tanto? No te vayas, Sunshine. No me dejes, por favor.

 

Quería gritarlo, pero el orgullo de Brian Kinney se lo impedía. Pero tampoco podía quedarse ahí, de pie, mirando como recogía sus cosas antes de irse de su vida y destrozarla para siempre. Así que se sentó en la silla, dándole la espalda a la habitación.

 

Oyó como entraba al cuarto de baño y recogía algunas cosas antes de bajar las escaleras. Brian no se giró, siguió mirando al frente intentando disimular que las lágrimas habían comenzado a deslizarse por sus mejillas y un dolor intenso hacía que le molestasen hasta las pestañas. Sintió ruido de papeles e imaginó que estaría recogiendo algunos dibujos. Aprovechó que no podría verle para secarse las lágrimas.

 

Los pasos se detuvieron junto a la mesa.

 

- ¿Quieres que me vaya?

 

Brian ni siquiera se dignó a mirarle a la cara. Se quedó allí, quieto, esperando oír el portazo. Deseando que lo hiciese para poder levantarse y liarse a puñetazos con las paredes. Cerró los ojos cuando sintió que la puerta se abría y oyó su voz antes de ser consciente de que era la suya.

 

- Justin...

 

El rubito se detuvo en el umbral al oír su nombre. Se giró, pero Brian seguía en la misma postura que cuando había formulado por última vez la pregunta.

 

- Es cierto. Las llaves.

 

Brian se giró lentamente y le miró mientras ponía las llaves sobre la mesa.

 

- No.

- No, ¿qué? —Sunshine no sabía a qué se refería el moreno—.

- La respuesta a tu pregunta. Es no —el publicista empezó a reconciliarse con Brian Kinney en cuanto lo dijo—.

- ¿Estás seguro? —el rubito se mordió el labio para ocultar la sonrisa—.

- Sí. Nunca he estado tan seguro de nada.

 

Justin se acercó y se sentó a horcajadas sobre él, acariciándole el pelo.

 

- Dilo —no era una petición, era una orden y Brian sonrió—. Necesito oírlo —continuó suavizando el tono apremiante de antes—.

 

El moreno acarició su espalda y al llegar al culo, lo empujó hacia él dejando que sus narices se rozaran.

 

- Te quiero.

 

Justin le besó, como nunca jamás había besado a nadie y como sabía que nunca besaría a alguien que no fuera Brian.

 

- ¿Empezamos de nuevo? —preguntó el más joven cuando se recuperó del largo beso lleno de lengua y saliva—.

- Pero esta vez...

- Prometo no romper ninguna de las reglas —le interrumpió su compañero mientras apretaba más las caderas contra su cuerpo—.

- Yo prometo que, alguna vez, lo volveré a decir.

- Más te vale, Kinney. O te quedarás sin este culito rubio que tanto te gusta —dijo antes de sonreír mordiéndose el labio y acercar sus labios provocativamente para recibir la lengua que ya se dejaba ver fuera de la boca de Brian—.

 

 

Espero impacientemente vuestros comments.

begok

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