logo

Because of the wonderful things he does




acuatica

Because of the wonderful things he does


Tags: agobiada para no variar 30vicios myself harrypotter fanfic

Published : 1 year, 8 months ago (Sun, 28 Oct 2007 04:19:05 PDT)
Searched:
http://acuatica.livejournal.com/2653.html  10 links
Related posts

Me pregunto si en alguna ocasión conseguiré publicar más de dos veces en semana o si se trata de alguna especie de límite innato que me impide actualizar más a menudo. No obstante, mucho me temo que se debe a eso que algunos llaman “la vida real” y que además de cenas en restaurantes japoneses y visitas a museos a medianoche también incluye aspectos menos agradables como seminarios amenazadores, pilas de apuntes a la espera, horarios de prácticas imposibles e imprevistos de laboratorio varios. Definitivamente, tengo que ponerme al día con mis obligaciones y dedicar menos tiempo al fandom.

Así que espero terminar con mi reto de Hermione, que me quema entre las manos, la próxima semana, y tomarme el de los Merodeadores con más tranquilidad. Al menos, por ahora, ya tengo elegidos las leyes y los argumentos de los treinta drabbles, e intentaré reducirlos bastante (porque también me he pedido adaptar “El Mago de Oz” para el II Festival de Crack!Fic”) Y hablando de argumentos, agradecería que alguien me propusiera palabras para rellenar los cinco retos libres de la tabla de vicios (aunque ya tengo uno de ellos escritos bajo el tema de “Zapatos” que no me convence demasiado pero que terminaré posteando por falta de tiempo para pensar otro)

Dios, tengo tantísimas cosas que hacer que realmente no sé qué hago escribiendo aquí. LJ, serás mi perdición, estoy segura de ello.

Título: “(22)Triángulo”
Fandom: Harry Potter
Personaje: Hermione Granger
 
Harry James Potter, Ronald Bilius Weasley y Hermione Jane Granger.
El trío dorado. Los tres fantásticos. El terceto maravillas.
Siempre juntos, obviamente juntos, inevitablemente juntos.
Siempre ellos.
 
Harry es lo más cercano a un hermano que ha tenido nunca Hermione. Si tuviera que explicar por qué lo quiere tanto, no sabría por dónde empezar. Cómo poner en palabras todo el cariño acumulado durante años, la admiración por un niño que ha crecido a su lado hasta convertirse en un hombre, el orgullo que le cierra la garganta cuando Harry decide una vez más ser absurdamente heroico y darle a la vida un sentido nuevo, en el que hacer lo que se debe hacer es siempre lo más importante. Hermione se ha pasado tantos minutos de sus últimos años preocupada de una u otra forma por Harry, mordiéndose las uñas de impaciencia por recibir una carta suya y temblando de miedo por lo que podría haberle pasado, que a veces se siente nerviosa por su mera ausencia y desearía no perderlo nunca de vista, para asegurarse de que no está intentando salvar el mundo con solo su varita en la mano. Harry es impulsivo e inestable y probablemente está demasiado obsesionado con el bien y el mal para alguien de su edad, tiene estados de ánimo tormentosos y en ocasiones le cuesta recordar que sus amigos no están ahí para que les grite cuando se siente frustrado, pero le han ocurrido tantas desgracias y a pesar de todo ello es tan valiente y tan leal que Hermione jamás se ha esforzado tanto por ser comprensiva y considerada con alguien. Le quiere como es, atormentado por sus demonios y al mismo tiempo despreocupado hasta el punto de largarse a jugar Quidditch antes de un examen de Pociones (¡por Merlín!), demasiado perezoso para llevar al día sus deberes de Transformaciones pero dispuesto a marcharse inmediatamente a buscar a Sirius sin ninguna compañía.
Ron es la persona destinada a volverla loca. Si Harry le da quebraderos de cabeza, Ron la pone a prueba constantemente, siendo negligente y marrullero, dándole la lata con sus celos y provocándola con comentarios hirientes acerca de su condición femenina, su confraternidad con el enemigo, sus – inexistentes – conocimientos sobre Quidditch, su incapacidad para la Adivinación, su pelo, sus libros, y hasta su gato. Hermione le quiere tanto como a Harry, pero sabe que de una manera muy distinta, una manera que incluye calor, irritación, cosquilleos y ganas: ganas de abofetearle, ganas de abrazarle, ganas de aclararse, ganas de terminar, ganas de empezar. Ron siempre está ahí para ella, para lo bueno y para lo malo, para pedirle que le corrija las redacciones de Encantamientos y para enfadarse porque vaya al baile de Navidad acompañada de Viktor pero también para pasarse horas a su lado en la enfermería, para defenderla de Malfoy con uñas y dientes, para quitarle la nieve que le mancha el jersey del uniforme y para cogerla de la mano cuando no puede dormir. Ron, con todas sus inseguridades y con sus repentinas crisis de resentimiento, iría al infierno por Harry, y a Hermione eso le emociona tanto que a veces se le saltan las lágrimas sólo con pensarlo. Simplemente, Ron es un Weasley y ser un Weasley significa que a pesar de que puedas parecer un sabelotodo insufrible, un bromista empedernido o una fierecilla indomable, siempre darás la cara por los tuyos y por aquello en lo que crees, por esas ideas con las que te has criado y que te hacen sentir orgulloso de tu familia. Cuando Hermione mira a Ron, ve a ese mago de sangre perfectamente pura que ha elegido quererla a ella como amiga.
 
En su primera escuela muggle, Hermione no tenía amigos. Y al principio, en Hogwarts, tampoco. Ahora, de hecho, tiene mucho más que eso. Tiene a Harry y a Ron y juntos forman un triángulo al que no le sobra ningún vértice. Son tres y nunca podría ser de otra forma. Harry, Ron y Hermione.
Han luchado contra un troll gigantesco en un cuarto de baño. Se han enfrentado a un perro de tres cabezas. Han deambulado por Hogwarts a medianoche. Han salido ilesos del abrazo de un Lazo del Diablo. Han jugado al ajedrez apostándose el todo por el todo. Han roto normas del colegio que ni siquiera estaban escritas. Han preparado la Poción Multijugos con ingredientes robados del armario de material del colegio. Le han plantado cara a un asesino prófugo de la justicia. Han presenciado la transformación de una rata en un traidor. Han atacado a un profesor. Han visto la Marca Tenebrosa elevarse sobre sus cabezas. Se han rebelado contra la autoridad. Han conspirado de forma clandestina. Han peleado a muerte contra mortífagos en el Ministerio de Magia. Han peleado a muerte contra mortífagos en el propio Hogwarts. Han enterrado a su director. Han vivido como exiliados. Han buscado Horrocruxes por toda Inglaterra. Han forzado su entrada en Gringotts. Han volado a lomos de un dragón. Han matado pedacitos del alma del que un día fuera Tom Riddle.
Han llegado hasta aquí. Hermione está segura de que Harry, Ron y ella lo conseguirán una vez más. Porque siempre lo hacen. Porque necesita creerlo. Porque confía en ellos. Porque no puede permitirse perder a ninguno de los dos. Porque son nada los unos sin los otros. Porque tienen la verdad, la razón y el amor de su parte. Porque no están solos. Porque no puede ser de otra forma.
Porque forman un triángulo que no puede romperse.

Título: “(23)Cartas”
Fandom: Harry Potter
Personaje: Hermione Granger
 
Querido Viktor:
 
Espero que los partidos preliminares de clasificación para el próximo Mundial de Quidditch estén yendo bien y hayas conseguido atrapar muchas de esas pequeñas bolitas doradas que tan de cabeza os traen a todos los buscadores. También espero que me hayas hecho caso y no estés practicando nuevas variantes de ese amago cuyo nombre no escribiré porque cada vez que lo menciono Harry se echa a reír y nunca quiere explicarme en qué consiste mi fallo. Juraría que le parece divertido el mero hecho de que me equivoque en algo y por eso se niega a corregirme, pero de ninguna manera estoy dispuesta a sacar un manual sobre Quidditch de la biblioteca para comprobar cómo se deletrea esa jugada del diablo (Ron se estaría riendo de mí hasta el día del Juicio Final y en realidad eso ya es algo que hace habitualmente sin que yo le dé motivos adicionales para ello). Sea como fuere, espero que tengas cuidado con todas esas fintas, dribles y demás regates altamente peligrosos y definitivamente poco recomendables para la salud que te enseña ese entrenador tuyo tan temerario. Realmente, no me parece que merezca la pena que te arriesgues a romperte todos los huesos por algo tan absurdo como un juego de pelota, por mucho que se juegue sobre escobas y que quieras complacer a la afición de tu país. Lo cual me recuerda que tengo serias dudas acerca de las virtudes del Quidditch como elemento integrador de las diferentes razas y culturas del Mundo Mágico. No creo que la rivalidad deportiva fomente exactamente la cooperación internacional…
En cualquier caso, espero que no descuides tu formación, Viktor. Francamente, sería una pena que un mago con tus cualidades abandonara tan pronto su educación. Y estás haciendo progresos maravillosos en tu inglés, aunque he de decir que deberías prestar algo más de atención a los verbos frasales. No me entiendas mal, me encanta que me escribas, incluyendo verbos frasales. Me reí mucho con tus anécdotas sobre el encuentro que jugasteis en Brasil y me encantaría tener la oportunidad de visitar Japón. Definitivamente tus fans australianas son más efusivas que las búlgaras a las que estás acostumbrado, pero no me parece tan inverosímil que te pidieran tu ropa interior al final del partido: conozco a más de una que sería capaz de ello, créeme.
Por aquí todo va más o menos bien. Regresamos a Hogwarts hace unas semanas y ya empezamos a tener una cantidad considerable de deberes, lo cual es obviamente comprensible dado que el año próximo nos enfrentamos a los ÉXTASIS. Como las notas de mis TIMOS fueron bastante aceptables (excepto un pequeño resbalón en Defensa Contra las Artes Oscuras), he podido continuar con todas las asignaturas que tenía prevista. Por cierto, el nuevo profesor de DCAO es el viejo amigo de tu antiguo director, supongo que te acordarás de él porque, bueno, digamos que su fisonomía es un poco particular. En cambio, en Pociones hay un antiguo profesor de Hogwarts que ha vuelto a dar clases por petición de Dumbledore. Su nombre es Slughorn, y tiene cierta predilección por dar fiestas exclusivas a las que suele invitarme. Sé que no es correcto criticar a un profesor pero debo admitir que demuestra cierta preferencia poco profesional por sus favoritos. Obviamente, esto es del todo punto inadecuado, pero hasta ahora se ha revelado como un excelente enseñante. Además, parece estar increíblemente bien relacionado, e invita a personalidades muy interesantes a sus pequeñas reuniones. Por cierto, le encantaría conocerte: cuando mencioné casualmente que te conocía se mostró entusiasmadísimo.
En cuanto a los demás, a Harry le nombraron capitán del equipo de Gryffindor y en cuanto volvimos a clase tuvo que convocar pruebas porque del equipo original sólo queda Katie Bell. Ron sigue jugando como guardián y Ginny es una de las nuevas cazadoras. Por ahora las cosas no parecen ir demasiado bien, y escucharlos a los tres discutir sobre estrategias y fallos defensivos durante horas es un auténtico suplicio. Por suerte, estamos empezando a aprender hechizos no verbales en la mayoría de las asignaturas y puedo practicar mientras ellos planean cómo mejorar la defensa y la coordinación entre ciertos jugadores… Los hechizos no verbales son extraordinariamente interesantes, he estado buscando información acerca de su base científica y de la relación entre el idioma y la magia en algunos textos especializados y es fascinante la manera en que los hechizos se canalizan a través de las palabras hasta hacerse efectivos. Además, la profesora Vector se ha ofrecido a iniciarme en algunas nociones de matemática mágica ultra-avanzada que me darían los conocimientos necesarios para continuar más tarde investigando sobre el origen del poder que reside en las runas. Es un terreno muy poco explorado, y estoy realmente excitada con la posibilidad de descubrir nuevas aplicaciones de magia rúnica.
Harry continúa estando algo abatido después de lo que ocurrió a finales del curso pasado en el Departamento de Misterios. Por supuesto, el Ministerio ya no interfiere en Hogwarts en lo más mínimo (supongo que escucharías en las noticias que Fudge fue destituido), se ha aceptado formalmente el regreso de Voldemort y Dumbledore está de vuelta como Director. Todo eso mejora considerablemente nuestra situación comparado con el año pasado, pero ya comprobaste cómo es Harry: siempre pensando que tiene el deber de enfrentarse al Señor Oscuro… y ahora más que nunca. Últimamente está un poco obsesionado acerca de una teoría suya sobre los mortífagos, y creo que en el fondo no es más que una forma de apartar de su cabeza la muerte de Sirius. No ha querido hablar con nosotros del tema desde que pasó. En cambio, se pasa las horas releyendo un estúpido libro lleno de anotaciones de Merlín sabe quién que me preocupa sinceramente.
Voy a dejarlo aquí, Viktor. Ya he terminado toda la tarea del fin de semana pero me gustaría echar un vistazo a un manual sobre conjuros que McGonagall ha prometido empezar a enseñarnos después de Navidades. Por no hablar de que Ron está poniendo cara de ir a pedirme que le eche una mano con el ensayo de Encantamientos de un momento a otros.
 
Con cariño,
Hermione.

Título: “(24)Humillación”
Fandom: Harry Potter
Personaje: Hermione Granger
 
-Sangre sucia.
 
A Draco Malfoy, el insulto le sale desde lo hondo de la garganta, silbando, profundo, lleno de significado, visceral. Respira las palabras y las saborea en la punta de la lengua antes de escupírselas como si le arrojara a la cara algo peor que una maldición imperdonable: la vergüenza suprema de toda una raza hecha injuria. Lo vive, le corre por las venas y lo ha mamado desde que era pequeñito. Odio. Desprecio. Rencor. Indignación.
Posiblemente, envidia.
 
A Hermione su voz le cosquillea en los oídos y le eriza el vello de la nuca. Hay una milésima de segunda en que todas las letras de lo que dice (con las consonantes arrastradas y las vocales demasiado cerradas) se le cuelan por el cuello de la camisa y le calan dentro como algo viscoso, húmedo y frío. No dura apenas nada: Hermione Granger no se deja provocar, Hermione Granger se muerde la lengua, Hermione Granger elige sus batallas.
Por suerte o por desgracia, en los tiempos que corren, Draco Malfoy no es una guerra que merezca la pena luchar.
 
Se han encontrado solos, en un pasillo no demasiado transitado. Harry está cumpliendo uno de los enésimos castigos de Umbridge. Ron está en una práctica de Quiditch a la que se ha marchado arrastrando los pies. Hermione no sabe dónde ha dejado Malfoy a sus acólitos, pero nunca se interesa demasiado en conocer el paradero exacto de Crabbe y Goyle. Están ellos dos, uno frente al otro. Hermione con una pila de libros en los brazos, esperando a que el pasillo quede libre. Draco con los brazos cruzados, la insignia de la Brigada Inquisitorial reluciendo sobre la túnica oscura, impidiéndole el paso.
-¿No me has escuchado, Granger?-lo deletrea, para poder destilar el desdén en cantidades exactas en cada una de las sílabas-Eres una sangre sucia.
 
Hermione preferiría no medir sus fuerzas con Draco Malfoy. Nunca se ha batido en duelo, pero con todo lo que Harry ha estado enseñándoles a escondidas durante meses es probable que fuera capaz de desarmar a Malfoy en menos de cinco minutos, y lanzarlo contra la pared más próxima si fuera necesario. Simplemente, no quiere hacerlo. Espera que Draco le quite un montón absurdo de puntos a Gryffindor porque su pelo está demasiado enredado o porque es una insufrible sabelotodo y que pase de largo. Hermione considera que Draco Malfoy no es lo suficientemente importante para prestarle toda la atención que parece demandar a gritos y que Harry y Ron le conceden gustosos demasiado a menudo.
-Te he escuchado.
A Draco le brillan los ojos, literalmente. Ha conseguido lo que quería, obtener una respuesta. Le tiembla la barbilla imperceptiblemente y sonríe de forma fugaz, anticipando la confrontación.
-¿Y me has entendido también, Granger? He dicho que eres una asquerosa sangre sucia.
Hermione lo observa. Lo analiza. Casi con curiosidad. Preguntándose qué resortes pueden actuar dentro de la cabeza de un chico de quince años con todas las facilidades de este mundo para hacerle perseguir a sus compañeros y recordarles constantemente que sus padres están muertos, que sus padres son muggles, que sus padres son pobres. Se preguntan cómo serán los padres de Malfoy.
-Ya sé que soy una sangre sucia, Malfoy-consigue que su tono sea neutro, sin inflexiones, prácticamente monótono. Draco alza las cejas. La invita a continuar con un displicente gesto de la mano.
-¿Y…?
 
-Y estoy orgullosa de ello.
Si le hubiese abofeteado, el efecto hubiera sido el mismo. La mira con una expresión de aversión que los Malfoy han perfeccionado durante décadas. No la entiende, por supuesto. La menosprecia, además. Y la envidia.
Pero no sabe qué responderle. Ha aprendido a considerar natural que los impuros se avergüencen de su condición, que al menos tengan el atisbo de dignidad necesaria para asumir su inferioridad y avenirse a sufrir la humillación que les corresponde por ser unos parias advenedizo, unos usurpadores de un mundo que, por nacimiento, no les pertenece.
 
Ella decide que lo mejor es esperar. No se mueve. Le mantiene la mirada. No le interesan los debates internos de Draco Malfoy, ni que a partir de ahora la considere una hereje al culto de la sangre además de una ofensa para la pureza de la magia. Él abre la boca como si finalmente fuera a contestarle pero parece cambiar de opinión, emite un sonido de disgusto entre dientes y se limita a pasar junto a ella muy erguido, con un rictus de aristocrático desagrado en los labios. La empuja con el hombro al hacerlo, y Hermione se aparta.
Cuando ha desaparecido por el siguiente pasillo con la capa ondeando detrás de él, Hermione se encoge un poco de hombros y sigue su camino. Unas horas después, en la Sala de los Menesteres, mientras practica hechizos defensivos con el resto de los miembros del ED, ha olvidado el encuentro por completo. Ésa es su victoria.


Título: “(26)Pistola”
Fandom: Harry Potter
Personaje: Hermione Granger
 
Los muggles, que no tienen escobas voladoras, no pueden aparecerse y no saben utilizar los polvos Flu, han inventado el ferrocarril, los automóviles y, si me apuras, hasta las bicicletas. En lugar de las chimeneas interconectadas emplean el teléfono, y en vez de enviar las cartas a través de una lechuza lo hacen gracias al correo postal. Han descubierto la electricidad, lo que les permite usar linternas en vez del hechizo Lumos e inventar el lavavajillas para fregar los platos sin magia. Tienen tarjetas de plástico con chips electrónicos que sustituyen a los galeones y los sickles, y a falta de dragones que custodien las cámaras de sus bancos han ideado todo tipo de complejos sistemas electrónicos de seguridad. Viajan a larga distancia en aviones que desafían la ley de la gravedad en lugar de convertir una bota vieja en un traslador. Se envían mensajes con buscadores de bolsillo, ya que no son capaces de conjurar un Patronus, y son capaces de curar enfermedades y retrasar la muerte con esa disciplina maravillosa que es la medicina. Quizás no conozcan las propiedades mágicas de los hongos ni tengan ni idea de preparar una poción crecehuesos, pero ha estudiado exhaustivamente las plantas medicinales para dar lugar a la farmacopea moderna y son capaces de arreglar fracturas sólo con sus manos. En ausencia de magia, han hecho de la ciencia un verdadero arte.
Los muggles han tenido que aprender a hacer saltar chispas con piedras y más tarde han desarrollado la idea de las cerillas y han sublimado el concepto de domesticación del fuego con el gas, aunque los Granger siguen quedándose fascinados por las llamas azules que Hermione puede hacer flotar a su alrededor. Como no saben nada acerca de algas que hacen brotar branquias ni de hechizos-burbuja, han inventado los submarinos y los equipos de buzo. Sus mascotas no tienen poderes de ningún tipo, pero sus perros están adiestrados para ayudar a los ciegos a cruzar la calle y para detectar droga en los aeropuertos. Lo que les falta de magia lo suplen con ingenio.
 
Hermione diría que se las apañan bastante bien. Durante los primeros once años de su vida vivió como una perfecta muggle (fenómenos inexplicables aparte), usando el autobús para ir a clase, aprendiendo a poner la lavadora sin ningún tipo de magia y escribiendo con lápiz en lugar de usar pluma y tintero. Sus padres recibían todas los días el periódico en el buzón gracias al cartero, y ella veía los dibujos animados los sábados por la mañana en el televisor del salón, desayunando zumo de naranja en lugar de calabaza. Por aquella época no sabía que era posible conjurar agua de la nada, que había niños que aprendían a transformar erizos en alfileteros o que no todo el mundo cogía el metro para ir a la ciudad.
Sus padres eran dentistas, de manera que estaban familiarizados con todo tipo de tecnología puesta a punto para facilitar el cuidado de la salud bucodental de sus pacientes. Usaban aparatos eléctricos capaces de blanquear los dientes, sillones que se reclinaban sin necesidad de encantamientos locomotores y taladros en miniatura en los que era mejor no pensar. Nunca habían utilizado una varita ni la habían echado de menos, aunque ahora Hermione tendría que reconocer que se sentiría perdida sin ella.
 
Pero los muggles también han inventado artilugios con los que emular otros hechizos menos triviales que el que permite tricotar una bufanda o generar un ramo de flores. Hermione piensa en que Avada Kedavra, la maldición imperdonable, tiene equivalentes menos mágicos pero igualmente efectivos: un revólver, una escopeta, una ametralladora. Los muggles, al igual que los magos, se matan entre sí por muy diversas razones. Y lo hacen empleando armas que dejan un rastro inconfundible, el olor a pólvora flotando en el aire, la herida alargada del cuchillo que rasga la piel, la sangre que sale a borbotones o que salpica las paredes como una firma póstuma.
Es difícil determinar los pros y los contras de aquello que la mente humana concibió con el único propósito de acabar con la vida de sus semejantes. Avada kedavra es un hechizo que requiere una intención clara, un fuerte deseo, o un alma completamente corrupta, para ser ejecutado. Se nutre de la frialdad más absoluta o de la pasión más encarnizada, pero nunca es objetivo. Una pistola, por el contrario, responde al mero contacto del dedo en el gatillo, no mide voluntades ni repara en consecuencias; apunta, y dispara. En ambos casos, alguien muere. Hermione se plantea si existe algún tipo de diferencia.
La muerte bajo el Avada Kedavra es una muerte disfrazada de sueño, un rayo de luz verde que atraviesa un cuerpo y le cierra los ojos para siempre. El efecto es letal e inmediato, pero también casi irreal, onírico. Podría confundirse con un juego de niños en el que uno finge hacerse el muerto. En cambio, la muerte muggle no es casi nunca limpia silenciosa. La muerte violenta, provocada en el acto, activa, personal, incluye dedos que se cierran en torno a una garganta que intenta por todos los medios respirar y un rostro de ojos desorbitados por la anoxia, incluye la sensación de la carne que cede y manos manchadas de sangre hasta las muñecas, incluye ruidos ahogados, jadeos,  y detonaciones y sonidos húmedos.
Hermione se pregunta cuán difícil es matar a otro ser humano. Si existen naturalezas más inclinadas al asesinato, si existe una zona intermedia de personas anónimas en las que la peligrosa simplicidad de unas palabras recitadas les decantaría hacia el lado equivocado de la balanza. Si no resulta significativo que, con magia o sin ella, todas las sociedades de este mundo hayan elucubrado una u otra forma de acabar con el resto.
 
La guerra acaba de comenzar.


Título: “(27)Miedo”
Fandom: Harry Potter
Personaje: Hermione Granger
 
La profesora McGonagall fue trasladada a San Mungo la misma noche en la que recibió tres rayos paralizantes en mitad del pecho. A su edad, sin aviso previo y por pretender evitar que los esbirros del Ministerio intentaran llevarse a Hagrid de Hogwarts por la fuerza aprovechando las horas de oscuridad.
Hermione pasó tantísimo miedo en ese momento, cuando temió por la vida de la Jefa de la Casa Gryffindor y se dio cuenta de que se habían quedado completamente solos en el castillo, a merced de aquella enferma retorcida de Dolores Umbridge, que, por unos instantes, se sintió huérfana. Para Hermione, la profesora McGonagall siempre había sido el modelo perfecto de lo que una verdadera bruja debía ser, un ejemplo a seguir, una persona íntegra, con los pies en la tierra y un estricto sentido del deber para quien lo más importante era la seguridad de sus alumnos y la educación de aquellos a los que enseñaba. Minerva McGonagall era severa, estricta e incluso inflexible, pero siempre era justa, hasta las últimas consecuencias, y sabía hacer honor a la Casa a la que pertenecía. Hermione la respetaba profundamente y la admiraba desde el primer día que había llegado a Hogwarts. Puede que les mandara toneladas de deberes y redacciones interminables y prácticas extra si no lograban cumplir las expectativas durante la lección (Ron se quejaba continuamente de que los hacía trabajar como a elfos domésticos) pero Hermione había aprendido más escuchándola hablar tanto dentro como fuera del aula que en muchos de los libros que había leído, y eso, tratándose de Hermione, era mucho decir. La profesora McGonagall había dedicado treinta y nueve años a su puesto como responsable de Transformaciones, era Jefa de Estudios e incluso había llegado a dirigir la escuela en los peores momentos. Hermione la consideraba un símbolo de autoridad, un baluarte del colegio al cual podía acudirse en el caso de que las cosas comenzaran a ponerse realmente mal.
El que tuviera que ser ingresada en el hospital a causa de aquellos hechizos aturdidores que la dejaron fuera de combate fue un duro golpe para Hermione. Para ella, su Jefa de Casa era la personificación del estoicismo, firme e imperturbable, imposible de alterar y mucho menos de alejar de los muros del castillo. Pensaba en ella como alguien casi invulnerable, y una vez que supieron positivamente que se encontraba fuera de peligro, el miedo fue sustituido por una indignación que le hervía en la sangre y la obligaba a apretar los puños cada vez que se cruzaba con Umbridge por los pasillos, porque ella estaba segura de que aquel puñado de chupatintas del Ministerio, aquellos perritos falderos de la Suma Inquisidora, jamás hubieran sido capaces de tocarle un pelo a Minerva McGonagall en un duelo limpio y lícito. 
 
A Hermione no le importaría parecerse a McGonagall cuando fuera mayor (muy, mayor, porque cada cierto tiempo Fred y George organizaban apuestas entre los estudiantes para intentar determinar su verdadera edad y, aunque algunas fechas eran auténticos disparates y la situaban en la época de Merlín y Morgana, muchos alumnos aseguraban que había llegado a dar clase a sus abuelos). Le gustaría tener su dignidad y su aplomo, ser capaz de expresarse con su elegancia y provocar el silencio y la atención de los novatos más revoltosos con su sola presencia. La docencia nunca había sido su ambición pero le fascinaba la idea de que alguien consagrase su existencia a iniciar a los demás en los misterios de la transformación, la satisfacción de lograr inculcar en las cabecitas de primer curso conceptos básicos de magia que a lo largo de siete años se convertirían en verdadera sabiduría. ¿Cuántas generaciones de brujas y magos habrían pasado por las manos de Minerva McGonagall, aplaudido su perfecta conversión en gato, escuchado sus indicaciones para convertir teteras en tortugas y temido sus famosos exámenes como a una vara verde? Quizás no se hubiera dedicado a política ni a ninguna de esas profesiones que otorgan celebridad, pero seguramente una gran cantidad de magos la recordaban cuando pensaban en los mejores años de su vida: los años que habían pasado en la Academia Hogwarts de Magia y Hechicería.
Sin embargo, a veces, y sólo a veces (porque a Hermione se le antojaban pensamientos casi profanos y definitivamente impertinentes), Hermione se planteaba cómo sería la vida de su profesora fuera de Hogwarts, si tenía familia, si echaba de menos a alguien, si estaba sola. Se preguntaba si, como para muchos otros, la escuela y sus habitantes (estudiantes, maestros, criaturas y fantasmas) eran su hogar. Si alguna vez había querido ser algo distinto de lo que era, o si había imaginado aquella etapa de manera diferente a lo que había resultado ser. Si era o había sido feliz, si esperaba cosas que nunca habían llegado o, incluso (y se amonestaba a sí misma en silencio por pensar semejantes tonterías), si sería verdad que había estado enamorada de Dumbledore cuando eran más jóvenes.
 
Hermione se sentía secretamente orgullosa de que McGonagall la considerara su mejor alumna, aunque nunca se lo hubiera dicho, y probablemente, nunca llegara a decírselo. Tampoco hacía falta. McGonagall había escrito unas quince cartas al Ministerio de Magia durante su tercer año para que Hermione pudiera tener uno de esos maravilllosos giratiempos, y, en la entrevista de orientación sobre los TIMOS que habían mantenido poco antes de que tuvieran que llevársela a San Mungo, la Subdirectora, con su tono neutro y su mirada seria de siempre detrás de las gafas cuadradas, le había dicho:
-Usted, señorita Granger, simplemente puede seguir absolutamente cualquier carrera que se proponga.
Al pensar en ello, Hermione sonreía. Cuando recordaba los ojos entornados y la expresión rabiosa de Dolores Umbrigde, sentada detrás de McGonagall durante la entrevista, la sonrisa se hacía más grande.

acuatica

More results for ""


This is cached version of livejournal post retrieved by LjSEEK on 2007-11-02 02:40:04 . Post may have changed since that time. Click here for actual post version. LjSEEK.COM is not affiliated with author of this post and is not responsible for its content.
These search terms have been highlighted:
Disable Highlighting
acuatica's Search:
Get your own code!
Copyright © 2005,2006 ljseek.com This service is not affiliated with LiveJournal.com
Design by Steorra.com