... otro planeta. “¿Y qué diré en el trabajo? ¿Cómo explicar que no podré asistir al turno de noche? Estoy enfermo, alegaré”. Pero Gregorio se encontraba perfectamente. Con treinta y tres metros y veinte centímetros más de lo habitual, eso sí. Alborotándose a base de aspavientos, fue su alrededor quién sufrió las consecuencias; truncó árboles sobre sí mismos como quién coge un palillo de dientes...
... conseguía mellar el de Yagami en el proceso. Por no mencionar aquellas sesiones de sicalipsis gratuita de la mano de aquel amante sin parangón, que con su pericia había logrado amortizar más de veinte años de virginidad y estoicismo en apenas un par de encuentros furtivos. Era muy divertido, por qué negarlo. Cómo conseguía transformarlo, tan recto y severo él, en aquella criatura primigenia, ...
... por saber a qué espectacular cosecha pertenece la botella que sacó de su cocina, dejó la copa en su escritorio y tomó la botella, sintiendo el frio del vidrio en sus yemas. —Tiene más de ciento veinte años, con razón su sabor es tan especial —dijo con algo de sorpresa, repasando varias veces la fecha. Una sonrisa, tan nostálgica como las que suelen aparecen en su rostro últimamente se asomó en ...
... tenía sus motivos —sus curiosos motivos, para ser franco—. No hay mucho que pudiese ver, a excepción de la luz que se filtraba por las cortinas del mismo balcón de Allen. No hace mucho que habían llegado (veinte minutos y un poco más para ser preciso), y Lavi no había tenido paz desde ese entonces. No era culpa del que creía albino, sino que su ansiedad no le permitía dormir siquiera. Más allá de...
... quién y cómo y cuándo y dónde). No va a la universidad. Se baja antes y camina un par de cuadras, buscándolo. Es imposible que lo encuentre, lo sabe, se ha bajado hace más de veinte minutos y la micro ya ha recorrido un tercio de su recorrido en el intertanto. Debería haberse bajado. Ahora va a estar toda la mañana con la mirada perdida y ni siquiera va a prestar atención en clases. Le podría...
...la ha visto celebrar aquellas cosas que nadie más en casa celebra. Ada es la única que construye un pequeño altar, todos los años, en honor a aquella niña con la que compartió nombre y que murió casi veinte años antes de que ella naciera y Ada es la única que hace cadenas y las pega en las ventanas de casa el 15 de septiembre y la que insiste en ver el desfile de noviembre. También, es la única ...
...visión iba siendo más amplio pudo distinguir a todo el grupo presente. -Llevamos más de veinte minutos esperándole –Enunció una voz grave, aunque levemente rasposa. Entonces pudo distinguirle entre los dem...por él. -Se trata de nuestro proyecto, da igual si tarda un día, dos, veinte o cincuenta –Bramó –Quiero una solución inmediata –Miró en derredor, esperando reacciones – Y espero...
Del libro que encontró Sara el otro día por la calle, amarillo, sucio, roto, delgado, en una edición de 1966 impresa en Buenos Aires. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo. Espantapájaros (al alcance de todos). 1932. 1. No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una ...
76.365 ¡Me quiero volver chango! , originalmente cargada por nefmex . Hoy salimos muy temprano de la redacción: a las nueve con veinte estaba ya en casa, cosa que pasa casi nunca. El punto es que... ¿Por qué cuando tenemos suerte de terminar a tiempo... no tengo dinero para salir? ^_^
... de haber entrado en San Mungo de prácticas. Hay gente de todo el mundo, especialmente de el resto de Europa. No sé si es lo habitual, o más, o menos, pero calculo que hay alrededor de veinte alumnos en primer curso. Respecto a las clases, de momento apenas nos hemos adentrado en la teoría... y ya resulta de lo más interesante. Sobre todo comparándolo con Hogwarts, que como te imaginarás, salvo ...